Fernando Ortiz Monasterio, el jardinero de México DF

Fernando Ortiz Monasterio es un arquitecto mexicano que pide ser nombrado como jardinero. En su currículum florecen capullos como haber construido el jardín vertical más grande del mundo (2,900 m2. -Ciudad de los Cabos. Baja California-) o haber firmado los 350 muros verdes que están pintando de naturaleza México DF.

Fernando Ortiz Monasterio, el jardinero de México DF

Ahora, este emperador de los vergeles perpendiculares aspira a que sus creaciones no se queden en el anecdótico ornamento. Las está preparando para que sean capaces alimentar, dar de beber y depurar el aire de las “intoxicadas ciudades del planeta”.

El plan de Ortiz Monasterio, fundador del Taller VerdeVertical, es resultado de la pasión por un estilo y la preocupación por la sostenibilidad de la Tierra. Aunque él lo ponga en duda, es uno de los mejores del mundo haciendo lo que hace -indiscutiblemente el primero de América Latina-. Sin embargo, cuando a este decano de 31 años se le pregunta por hitos con su apellido como el titánico jardín que levantó con motivo de una cumbre del G20, su obra de arte en el callejón de Regina (Zona Centro de México DF) o la escultura en la Terminal 2 del aeropuerto, por ejemplo, a uno le da más la sensación de estar hablando con un activista de Greenpeace que con el arquitecto que rubricó esos proyectos estrella. Ortiz Monasterio mide sus fracasos en partículas de CO2 y sus éxitos en moléculas de oxígeno.

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“Hasta ahora VerdeVertical ha construido 20,000 metros cuadrados de áreas verdes verticales en DF. Está bien pero es totalmente insuficiente”, explica. “El mínimo de metros cuadrados de área verde que recomienda la OMS por habitante son 9, por lo que en esta ciudad harían falta 198 millones y solo disponemos de 70. Eso quiere decir que aún faltan 130 millones de metros. ¿Dónde se podrían hacer tantos jardines en una ciudad sin espacios? Pues mire, tenemos 168 millones de metros cuadrados en muros abandonados, nos sobran para lograr el objetivo y más”, eleva el listón el diplomado podador.

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Aburrido de la arquitectura tradicional se le ocurrió dedicar su vida profesional a esta técnica cuando vivió en Madrid y fue testigo de la construcción del jardín vertical que el botánico Patrick Blanc estaba levantando en la pared del Museo La Caixa. Decidió viajar a París a conocer a su autor y pudo visitar allí otra de sus grandes majestuosidades verticales. Fue entonces cuando su perspectiva profesional sacó un brote: “Te lo juro que yo voy a transformar Ciudad de México y voy a hacer una empresa que tenga que ver con esto y la transformación metropolitana”, le dijo a la acompañante que le llevó a ver aquel jardín desviado. Parece que Ortiz es un tipo de palabra.

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Dice también que la diferencia entre él y Blanc es que su homólogo europeo ejecuta esta jardinería verde por gusto artístico, y “VerdeVertical lo hace por un puro propósito de formación urbanística”. “Preocupación por el mundo”, especifica. “El progreso de la tecnología tiene un ritmo y una dirección. El ritmo es rápido y la dirección, hacia el precipicio. Si no cambia ya, será imposible remediarlo sin el sacrificio de una gran parte de la humanidad”, opina este concienciado medioambientalista. Él fija el punto de no retrono en el año 2030, “cuando se estima que la población mundial se haya elevado de 7 a 9 mil millones de personas”.

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“Si no aprovechamos nuestros espacios habrá que deforestar bosques y selvas para convertirlos en terrenos cultivables, y en realidad nos sobran paredes para ser autosuficientes en las zonas en las que vivimos”. Sabiendo que el tiempo para evitar la tragedia es poco, Ortiz Monasterio ha dejado la ambición de su firma de lado y ha decidido incentivar que el nuevo traje de las urbes se confeccione con máxima urgencia.

“Para que mi empresa crease los 120 millones de metros cuadrados de áreas verdes que le hacen falta al DF harían falta 20 millones de mexicanos. Parece imposible, pero eso es lo que quiero, un ejército de participantes. Si cada uno de los ciudadanos plantase 6 metros cuadrados se habría logrado el objetivo”.

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Es consciente de la dificultad. Este cultivador aéreo tiene los pies en la tierra y sabe que hace falta un plan paralelo para lograr que la sociedad se preocupe por el asunto. “La estrategia tiene que ser muy clara. La tecnología que permite hacer estas cosas no es un incentivo suficiente para la gente porque la conciencia de la humanidad no tiene fuerza por sí sola, está claro que funciona por un incentivo económico”, riega de realismo su sueño.

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Teniendo en cuenta que sus paredes vegetales siempre las pagan botes de empresas privadas (el apoyo oficial tan solo ha llegado en forma de reducciones de impuestos a la hora de construir estas estructuras), este innovador ha decidido trabajar en que sus jardines por sí solos generen ese incentivo del que habla. Sus aspiraciones las ha denominado Arquitectura Aikido.

“El Aikido es un arte marcial en el que se aprovecha la fuerza del contrario. Cuanto más duro te pega tu oponente, mejor oportunidad para lastimarle. Lo mismo con las ciudades, para mí, cuantos más muros, más soporte para crear naturaleza”. Ahora este investigador ha creado (y patentado) unos sistemas que logran hacer los jardines verticales óptimos para la agricultura, generadores de agua potable, y purificadores y refrigeradores del aire. “Con estos avances estamos hablando de áreas metropolitanas prácticamente autosuficientes. Circuitos cerrados entre la naturaleza y las ciudades”.

Fernando Ortiz Monasterio, el jardinero de México DF

Granjas Verticales es un sistema que el equipo del arquitecto ha diseñado para lograr una óptima producción de todo tipo de productos de huerta. El fin es que no sea necesario trasportar estos productos desde fuera de la urbe y además supone un ahorro para los ciudadanos, que no tendrían que pagar por ellos. “No es hacer huertos en edificios de producción alimenticia que luego nadie construye, es plantar millones de lechugas en los edificios de oficinas. Tendríamos millones de ellas”, apostilla.

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La Fábrica de Nubes es otro desarrollo de VerdeVertical. A través de este sistema, para el cual es necesario colocar unas láminas transparentes delante de las paredes vegetales, Ortiz Monasterio asegura que ha logrado un ciclo perfecto de generación de agua. “Lo cierto es que si llenásemos las ciudades de jardines, como yo pretendo, tendríamos el problema de la necesidad de agua. Pero con este sistema, regando los jardines verticales tan solo con agua de drenaje, lograremos que las propias plantas sean las que regeneren agua limpia”, explica. “Ellas emiten oxígeno y H2O como residuos durante su fotosíntesis. Las láminas que hemos inventado, atrapan ese vapor y lo condensan de nuevo en agua. Después pasa un proceso de filtrado y se convierte en agua potable para el consumo humano. ¡Hasta cuatro litros por metro cuadrado! Y después de su uso volvería a los drenajes y regarán de nuevo las plantas”.

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Ahora el mexicano está atornillando las últimas tuercas al tercero de sus planes, Aire Verde. Resulta que su taller ha descubierto que los jardines en pared, a través de un sistema de entubados, son capaces de limpiar y refrescar el aire. Exactamente lo mismo que hacen las aparatos de aire acondicionado. “Imagínate el ahorro de energía si pudiéramos prescindir de ellos”, obvia el creador.

El día que Ortiz Monsterio conoció a Patrick Blanc, él le dijo al francés que sus jardines en México iban a “ser un éxito”, que la ciudad se llenaría de ellos. Blanc le respondió que lo suyo era un arte, no una tecnología del crecimiento. Ortiz Monasterio -aún siéndolo- está lejos de querer ser una firma de museo. “No soy un artista. Yo soy un servidor público que busca integrar la naturaleza en el medio urbano para mejorar la calidad de vida”, se define. Es solo “un jardinero”.

 

Vía: lukor.com

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